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Estocolmo; un museo a cielo abierto

En la capital sueca se pueden pescar salmones en pleno centro de la ciudad y desde alguno de sus cuarenta puentes.

© Carmen Villar Mir – JM Noticias

Estocolmo la ciudad de moda en el norte de Europa (Foto: archivo)

Estocolmo la ciudad de moda en el norte de Europa (Foto: archivo)

Cualquier persona que visite la capital sueca quedará encantada con sus calles adoquinadas, que parecen sacadas de un cuento medieval, con sus edificios y palacios de corte barroco, en armonía con los rascacielos de acero y cristal.

Estocolmo es como un museo a cielo abierto donde se pescan salmones en pleno centro de la ciudad desde alguno de sus cuarenta puentes.

El mejor café por la mañana se toma en Gateau, situado en la «Sture Galleria», en Birgerjarlsgatan. Esa «kondis», como dicen los nativos, ofrece los «winnerbröd» o bollos de hojaldre, y los bocadillos y pasteles más sabrosos de la ciudad.

Llegaremos andando a la Strandgatan, donde veremos el Dramaten, templo dramático escandinavo. A unos pasos está Svensk Tenn, un «must» donde encontrar recuerdos cinco estrellas de diseño nórdico. Pero si preferimos antigüedades merece la pena visitar Bukowski.

Cruzando la típica plaza de Kunsgträdgården (El jardín del Rey), seguiremos nuestro paseo por Nybrogatan. Al final de esa pequeña calle, donde están las tiendas de moda favoritas de las princesas, veremos al fondo la Konserthuset o Casa de Conciertos, donde se celebra la ceremonia de entrega de los Premios Nobel, y el Saluhallen o mercado del barrio. Es el momento de darse una vuelta por este recinto de bajo techo y probar toda clase de quesos.

Castillo Real de Estocolmo (Foto: archivo)

Castillo Real de Estocolmo (Foto: archivo)

La tumba de Greta Garbo

Otra de las citas necesarias en Estocolmo es el Metro de la ciudad. Siempre puntual y con el sistema de transportes más moderno del mundo. Ese mundo subterráneo de moderna arquitectura, pinturas murales y graffiti, es en sí un espectáculo. Montar en uno de los trenes es darse un baño de cultura popular.

A cualquier hora, el barrio sur es la escena de la ciudad menos turística, pero que reúne a la gente más interesante: desde el rollo hippie hasta la sofisticación más completa.

Esta zona es una de las principales de la capital sueca para ir de compras. Aquí se impone una visita a la tumba de Greta Garbo, que está en el Skogskyrkogården (Cementerio del Bosque). También veremos Street en Hörnstullstrand 9. Un local con mil caras, lleno de energía, mezcla de «high tech» y «fashion», con varios restaurantes y discotecas, bares, cafés y teatros.

El turismo de la cultura

Docenas de museos nos ofrecen el escaparate de sus maravillas. El Moderna, de Rafael Moneo, con un buen restaurante y las mejores vistas de la metrópolis. El Nationalmuseum y el Nordiska, son visitas de rigor como también lo es la Casa de la Cultura. En plaza Sergel (la Puerta del Sol sueca) está la Kulturhuset, edifico que alberga diferentes expresiones del arte vivo de última generación.

Vista de Estocolmo, capital de Suecia (Foto: archivo)

Vista de Estocolmo, capital de Suecia (Foto: archivo)

La capital sueca nos invita también a disfrutar de su gastronomía. Entre sus 760 restaurantes hay muchos dignos de una visita; Fredsgatan 12, Leijontornet, Operakällaren y Riche, entre otros, son verdaderos templos «gourmets» con ambiciosos chefs y decoración única, que ofrecen espacios, ideas y platos de diseño.

Destacan el «smörgasbor», buffé con entremeses, platos fríos y calientes. Las «pannkakor», tortitas que se sirven con diferentes salsas, y las «köttbullar», unas albóndigas de carne no muy diferentes de las nuestras.

Para ir de copas tenemos muchas opciones. La gente de Estocolmo se reúne, bien en los locales alrededor de Stureplan o bien en Strandbrygga, un pontón en Strandvägen a orillas del Báltico. Allí, entre copa y copa, se charla, se baila y se espera la medianoche para vivir esa luz tan irreal blanca que hace soñar a los poetas.

Al menor rayo de sol y cuando el termómetro pasa de los 18 grados, debajo de los puentes, sobre las rocas que rodean la ciudad, en cada acantilado o sentados a las orillas del lago, puede verse a multitud de suecos dándose un baño o tomándose un bocadillo.

También es de rigor subirse a cualquiera de las embarcaciones blancas que navegan por los alrededores de la capital y admirar la ciudad reflejada, como en un espejo, en las tranquilas aguas.

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